Existe un mito que sugiere que exponerse al aire frío puede causar alergia, conocido popularmente como “alergia al aire frío”. Sin embargo, desde un punto de vista médico, esto no es cierto.
En cambio, una fiebre o resfriado, que tiene síntomas similares a una alergia, es una respuesta del cuerpo a una infección, generalmente viral o bacteriana, y no se desencadena directamente por el frío. Los resfriados o gripes, que a menudo se asocian con el invierno, son causados por virus, no por la temperatura baja en sí.
Aunque el aire frío puede facilitar la transmisión de estos virus al mantenerlos viables por más tiempo o al hacernos permanecer en espacios cerrados, no es la causa directa de la fiebre.
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Síntomas confundidos de la fiebre o infección que, con alergia al aire frío
Cuando nos exponemos al aire frío, el cuerpo reacciona para conservar calor, lo que puede generar sensaciones que se confunden con una alergia. Los escalofríos, por ejemplo, son comunes: la piel se eriza y los músculos tiemblan para generar calor, imitando la sensación de fiebre sin que la temperatura corporal aumenta.
La nariz congestionada o el goteo nasal, típicos del frío seco, también se malinterpretan como signos de enfermedad febril. Además, la piel fría al tacto o la incomodidad general pueden dar la impresión de un malestar similar.
Sin embargo, la fiebre real implica un aumento medible de la temperatura corporal, que suele estar por encima de 37.8°C, algo que el aire frío por sí solo no provoca.
En resumen, la “alergia al aire frío” es un malentendido; lo que sentimos son respuestas fisiológicas normales o síntomas de infecciones virales estacionales.
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